Familias y entorno
Qué decir y qué no decir: guía para familias
Guía práctica para acompañar a alguien con una relación difícil con la comida. Qué frases ayudan, cuáles perjudican, y qué señales justifican consultar.
María Laura Marranzini Rizek, M.A. 9 minutos de lectura.
La recuperación rara vez depende solo del paciente [1].
He acompañado a personas con toda la disposición del mundo para mejorar, que hacían el trabajo en sesión y volvían a una casa donde se seguía diciendo lo mismo de siempre. También he visto lo contrario: pacientes que avanzaron mucho más rápido porque alguien de su círculo cercano finalmente entendió qué estaba pasando.
La diferencia no radica en la fuerza de voluntad del paciente, sino en el apoyo que tiene alrededor.
Esto no es un reproche a las familias. En la enorme mayoría de los casos la familia quiere ayudar y simplemente no sabe cómo, porque nadie se lo explicó nunca. Esta guía existe para eso.
Dos cosas que conviene entender primero
Ocultar es un síntoma, no una traición
Si descubres que te mintieron sobre lo que comieron, sobre si vomitaron, sobre cuánto entrenaron, es probable que te sientas engañado. Es comprensible que te sientas así, pero es la interpretación equivocada.
Ocultar es parte del cuadro clínico, no una decisión personal en tu contra. Los trastornos de la conducta alimentaria operan en secreto, y esa es una de sus características centrales. Tratarlo como falta de confianza convierte cada descubrimiento en un conflicto y empuja la conducta más hacia el escondite.
Tu propia historia también está en la mesa
Muchos crecimos escuchando comentarios sobre nuestro cuerpo, a veces de las personas que más nos querían. Eso deja marcas, y las marcas se transmiten sin intención.
Si te descubres repitiendo con tus hijos algo que te dijeron a ti, no significa que seas mala madre o mal padre. Significa que estás cargando con algo que nunca te enseñaron a soltar. Mirar eso de frente es de las cosas más difíciles que se le puede pedir a una familia. Pero es necesario para romper con esos ciclos negativos.
Qué no decir
No comentes sobre cuerpos. Ni el suyo, ni el tuyo, ni el de nadie.
A menudo vemos cómo se hacen comentarios sobre el cuerpo de los demás y los dejamos pasar. Llega la tía en Navidad y lo primero que dice es "pero tú has subido unas libritas" o "ay, qué flaca, te ves divina". Todo el mundo se ríe y nadie piensa en lo que siente la persona a la que le acaban de hacer estos comentarios, que ya pudiera estar en guerra con su reflejo.
Esto incluye los comentarios positivos. "Qué bien te ves, bajaste de peso" le confirma a alguien que su valor cambia con su peso, que es exactamente el mensaje que estamos tratando de desmontar [2].
Incluye también cómo hablas de tu propio cuerpo delante de ellos. "Estoy hecha un desastre", "tengo que bajar esta barriga". Todo esto es información que registras en tu propia mente como cierta, y también le muestra a los demás dónde pones tu valor.
No clasifiques los alimentos en buenos y malos. Decir "me porté bien hoy" refiriéndote a lo que comiste enseña que comer es un examen moral.
No vigiles durante las horas de comida. Contar bocados, comentar sobre porciones y poner cara ante platos ajenos le agrega presión y puede generarle ansiedad a alguien que ya está presentando incomodidad con la comida. La persona lo nota siempre, incluso cuando crees que fuiste discreto, y lo más común es que termine comiendo a escondidas.
No conviertas la comida en el único tema. Cuando cada conversación empieza o termina en comida, peso o tratamiento, le estamos dando permiso a que se genere aún más ansiedad alrededor del tema.
No ofrezcas soluciones simples. "Come normal", "es cuestión de voluntad", "tú lo que tienes que hacer es no pensar en eso". Si fuera así de fácil, ya lo habría hecho.
Qué sí decir
Habla de lo que ves, no de lo que interpretas. No "estás obsesionada con la comida", sino "he notado que sales de la mesa apenas terminas y me quedé preocupada". Lo primero es una acusación en forma de diagnóstico. Lo segundo abre un tema sobre el cual la persona puede conversar y desahogarse si lo necesita.
Pregunta antes de asumir. "¿Cómo te sientes con esto?" abre la conversación. "Sé lo que te pasa" la cierra.
Nombra la conducta, no a la persona. Es la diferencia entre "eso que hiciste me preocupa" y "tú eres el problema". La primera separa la identidad de la persona de la conducta. La segunda empuja a la persona a sentir que esa situación que vive es parte de quién es como ser humano.
Ofrece presencia sin condiciones. "Estoy aquí, y sigo aquí aunque hoy no quieras hablar." Repetido, sin exigir respuesta.
Sal del rol de policía. Si hay un tratamiento, la supervisión le corresponde al equipo clínico. Tu trabajo es ser familia. Cuando asumes el rol de vigilante, pierdes el rol que nadie más puede ocupar.
Señales que justifican consultar
- Restricción alimentaria marcada, saltarse comidas, dietas cada vez más estrictas.
- Ir al baño consistentemente justo después de comer.
- Uso de laxantes, diuréticos o productos para "limpiar".
- Ejercicio que no se puede interrumpir, incluso enfermo o lesionado.
- Rituales alrededor de la comida: cortar en trozos muy pequeños, ordenar el plato, comer siempre lo mismo.
- Comer a escondidas, o desaparición de cantidades grandes de comida de la cocina.
- Conversación constante sobre calorías, peso o cuerpo.
- Chequeo repetido en el espejo, o evitarlo por completo.
- Aislamiento social, sobre todo de planes que involucran comida.
- Cambios de ánimo marcados, irritabilidad, retraimiento.
Una señal aislada no confirma nada. Un patrón sostenido justifica una evaluación.
Cómo abrir la conversación
En privado y sin público. Nunca en la mesa, nunca delante de otros.
Sin ultimátums. "O vas al psicólogo o..." casi siempre produce resistencia.
Con una observación concreta y una frase de preocupación. Es suficiente. No hace falta un discurso.
Aceptando que la primera conversación puede salir mal. Es normal que haya negación, molestia o silencio. Eso no significa que no sirvió. Significa que abriste un tema que estaba cerrado, y que probablemente vas a tener que volver a traer a la conversación.
Si eres tú quien está agotado
Acompañar a alguien en esto desgasta. Es común sentir rabia, culpa, miedo y cansancio, a veces todo el mismo día. Sentir eso no te hace mal familiar, y no tienes que hacerlo solo.
Busca ayuda psicológica que te pueda dar herramientas para cuidarte también a ti mismo.
Es necesario trabajar con las familias además de trabajar con los pacientes, porque el entorno no es solo un detalle del tratamiento. La familia y el círculo de apoyo son parte central de él.
Referencias
- Lock J, Le Grange D, Agras WS, Moye A, Bryson SW, Jo B. Randomized clinical trial comparing family-based treatment with adolescent-focused individual therapy for adolescents with anorexia nervosa. Archives of General Psychiatry. 2010;67(10):1025-1032. PubMed
- Neumark-Sztainer D, Bauer KW, Friend S, Hannan PJ, Story M, Berge JM. Family weight talk and dieting: how much do they matter for body dissatisfaction and disordered eating behaviors in adolescent girls? Journal of Adolescent Health. 2010;47(3):270-276. PubMed